Esa misma noche, Henrik tomó una decisión.
—Te vienes conmigo.
—¿Adónde?
—A mi habitación. No pienso dejarte aquí sola mientras mi madre y Sara campan a sus anchas por la casa.
—Pero tu madre dijo...
—Mi madre ha dicho muchas cosas. Ya no me importa.
Me tomó de la mano. Salimos al pasillo. El guardia de seguridad seguía allí, inmóvil como un mueble. Henrik lo miró.
—Puede retirarse. A partir de ahora, Laira duerme en mi suite.
—Pero, señor Blackwood, la señora...
—He dicho que puede retirarse.