Di el primer paso.
Pero no hacia la puerta.
Me giré. Solté la mano de Henrik. Y miré a Regina a los ojos.
—No voy a irme.
Regina arqueó una ceja. Su expresión de hielo no cambió, pero detecté un brillo de satisfacción en sus ojos. Un brillo que me hizo sentir pequeña. Pero ya no me importaba.
—Sabia decisión —dijo.
—No lo hago por usted. Lo hago por el bebé. Necesito estabilidad. Atención médica. Un techo seguro. Y este lugar, por muy horrible que sea, me da todo eso.
—Me parece bien. Puedes vo