Desperté sola.
La luz de la mañana se colaba entre las cortinas oscuras de la habitación de Ciro, bañando las sábanas negras y los muebles de madera en tonos dorados. Durante unos segundos me quedé quieta, desorientada, intentando recordar en qué momento me había dormido.
Lo último que recordaba era a Ciro mirándome desde la oscuridad.
“Ese es exactamente el problema.”
Sentí calor en las mejillas al recordar lo cerca que había estado de besarme.
Dios.
Me cubrí el rostro un instante con las mano