A la mañana siguiente, mientras Ciro aún dormía, salí de la villa y caminé hasta el pequeño pueblo que había al otro lado de la isla. Era un lugar diminuto, de calles estrechas y casas blancas, donde todos se conocían y nadie me prestaba atención. Entré en una farmacia. Compré lo que necesitaba. Y volví antes de que él despertara.
Me encerré en el baño. Saqué el test de embarazo de la caja con manos temblorosas. Ya había pasado por esa experiencia así que sabía cómo hacerla.
Esperé. El tiempo