Cerré el mensaje y borré todo rastro. Como me habían ordenado.
Pero la pantalla en negro seguía brillando en mi mente. "Comienza la operación para su arresto." Las palabras de Morrison retumbaban en mi cabeza como un martillo. Iban a por Dante. Y yo estaba justo en el centro, con un anillo en el dedo y un nombre falso en los labios.
Dieciséis horas. Eso era lo que me quedaba antes de que él empezara a investigar. Antes de que descubriera quién era yo realmente.
Tenía que llamar a Morrison.