Obedecí a Ciro sin discutir. No era momento de hacerse la valiente. Tomé a Cael de la mano y lo llevé a la habitación de Anastasia. El niño preguntaba sin parar qué pasaba, por qué teníamos que ir con la abuela, por qué su papá se había quedado abajo con los hombres. Yo le respondía con calma, con una sonrisa forzada, diciéndole que todo estaba bien, que solo íbamos a visitar a la abuela un rato.
Anastasia nos recibió con los ojos muy abiertos. Vio mi expresión y supo de inmediato que algo no a