127: Madre e Hija

Después de darle el desayuno a Cael, lo dejé con Nico jugando en el jardín. Rosa prometió vigilarlos. Y por primera vez en mucho tiempo, sentí que podía respirar tranquila. Mi hijo estaba a salvo. Mi madre estaba a salvo. Ciro estaba a salvo. Todo parecía estar en orden.

Subí a la habitación de Anastasia. Llamé suavemente a la puerta.

—Adelante.

Entré. Mi madre estaba sentada en la cama, apoyada contra varias almohadas. Rosa le había llevado un desayuno ligero: té, tostadas, fruta. Y para mi so
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