(Narrado por Ciro)
—¡ENZO!
Mi voz resonó por todo el despacho.
La puerta se abrió apenas unos segundos después.
Enzo entró de inmediato.
—¿Qué pasó?
Le lancé la carta. Él la atrapó antes de que cayera al suelo.
—Encuéntrala.
Frunció el ceño.
—¿Qué?
—A Viktoria. Búscala. Ahora. No me importa cómo. No me importa cuánto cueste. Localízala.
Mi voz salió más grave de lo normal.
Enzo me miró como si hubiera perdido la cabeza. Quizás era cierto.
—¿Qué decía la carta? —preguntó confundido.
—Que estaba