Seis meses después:
Clavo el cuchillo en el pecho del infeliz y, cuando veo que ha muerto definitivamente, me limpio los restos de sangre del rostro y retiro la hoja del cuerpo, limpiando el escarlata en su ropa antes de guardarlo de nuevo en su funda. Uno menos, casi termino.
Saco mi teléfono, voy a la lista que tengo y tacho el nombre de los cuatro que acabo de eliminar, viendo que solo quedan unos veinte a los que tengo que hacer desaparecer. He avanzado mucho en poco tiempo y, si sigo así,