Suspiro con frustración y me masajeo el puente de la nariz; es por esto que no se debe conocer realmente mi nombre, porque cosas como éstas pueden descubrirse y no me interesa tener que dar explicaciones. Ese certificado es tan falso como un billete de dos dólares, pero no por eso no es legal. En él pregona que sufrí una pulmonía que, por mi corta edad y "frágil" salud, terminó por acabar conmigo a la tierna edad de ocho años.
La verdad es que se trataba de una hábil artimaña para evitar que