Sus ojos color miel brillaban como ámbar, con lágrimas escapando de ellos. Levanté mi mano y las limpié antes de besar su rostro, reemplazando el dolor con besos de amor. Quería que supiera que no tenía que hacer lo que pensaba que debía. No era en su naturaleza ser cruel.
No importaba si creía que lo merecían o que era para proteger a todas las víctimas y llevarles justicia. Esa justicia no valía la pena si le costaba perder esa parte de sí misma.
Sabía que estaba sufriendo en lo profundo, aunq