Caminé en mis calcetines peludos y me senté en la silla. Ella levantó la cabeza y me bufaba, yo le respondí con un resoplido.
—Estarás bien, no dejaré que nada te haga daño. —dije mientras le acariciaba la cabeza. Mis papás se acercaron a mí, observando a Mística, pero ella no se movió ni los reconoció.
—Cariño. —me levanté y los abracé a ambos.
—Papás, Dios, los he extrañado tanto. Gracias por venir a buscarme. Podría haber terminado de manera diferente si no lo hubieran hecho. —dije mientras e