—Tranquilo, Ryder, le han disparado —le susurró ella, y él retrocedió para examinarme con cuidado.
—Papá, estoy bien. No es nada —le dije mientras les guiñaba un ojo a ambos y caminaba hacia la barra. Vi a los pequeños demonios sentados con mis hombres. Luna estaba encima de ambos, y Rodri, bueno, parecía aburrido. Miré al aspirante y me entregó una bebida justo cuando Alessa y Candy se acercaron a mí.
—Los paquetes han llegado, los están llevando a las celdas —me dijo ella y asentí con la cabez