“Tráemela de vuelta. Por favor. Ryder, prométeme que la llevarás a casa con su familia”. Le supliqué, él asintió antes de besarme la cabeza.
“Duerme, necesitas sanar”. Instruyó, y así lo hice.
Me dejé llevar por el sueño, pero las pesadillas me atormentaban con ideas de lo que esa perra enferma podría estar haciéndole a mi inocente bebé de tres años. Cuando desperté de nuevo ya era de día, levanté los brazos y noté que las esposas ya no estaban, pero tampoco Ryder. Entré en pánico, me senté y b