“¡Teagan, quítate del medio!” Escupió mi papá, estaba perdiendo la maldita cabeza. Ella dio un paso adelante hasta que apoyó el cañón del arma en su pecho.
“Es nuestra hija, Antonio. Llegado el momento, siempre protegeré a nuestros hijos. Así que baja el arma y dile lo que quiere saber.” Habló con calma.
Vi que su mano se movía ligeramente mientras buscaba su propia pistola. Eso era una maldita locura, sin embargo, no aparté la vista de mi papá. La tensión llenó la sala, una carga eléctrica chi