POV: Zoé Dupont
El cielo sobre el Sagrario no era negro, sino de un violeta enfermizo, desgarrado por los rayos de la magia de las brujas y las explosiones de los cazadores. Las murallas de hierro meteórico, que habían resistido siglos, finalmente cedieron con un crujido agónico. Los Devoradores de Metal habían abierto una brecha, y el horror se precipitó hacia adentro.
I. La Unión del Rayo y el Colmillo
En el patio de armas, Léo y Elena eran un torbellino de destrucción coordinada. Léo, a pesar de sus heridas abiertas, se movía con una agilidad que desafiaba la lógica, sus garras bañadas en una luz ámbar que Elena canalizaba directamente hacia él.
—¡Ahora, mi bruja! —rugió Léo, saltando sobre un grupo de Segadores.
Elena alzó sus manos hacia el cielo. No lanzó fuego, lanzó vínculos. Cadenas de luz ámbar conectaron el espíritu de Léo con las sombras del bosque. Cada vez que Léo desgarraba a un enemigo, la energía se multiplicaba, creando réplicas fantasmales de un lobo gigante que des