POV: Léo Blanc
El Proyecto Fenrir no era un lobo; era una blasfemia envuelta en plata y odio. Cuando la criatura se lanzó sobre mí, el aire del laboratorio se llenó del zumbido de servos hidráulicos y el olor a carne quemada por el frío criogénico.
—Qué le has hecho, maldito carnicero —gruñí, esquivando el primer zarpazo.
Las garras del Fenrir no eran de hueso; eran cuchillas de titanio recubiertas de plata pura. Rasgaron mi chaleco táctico y rozaron mi piel. El contacto con la plata envió una