POV: Elena de Valois
El aire en la cámara de sanación era tan frío que mi aliento formaba nubes de vapor, pero Léo estaba ardiendo. No era un calor febril común; era una combustión interna que emitía un brillo plateado a través de sus poros. Lo teníamos tendido sobre una losa de obsidiana blanca, rodeado de runas de contención que vibraban con una frecuencia agresiva.
—Mantén el pulso, Elena... —susurró Dante, que permanecía en la esquina, con su piel de hierro todavía manchada por el hollín de