Narrado por Alex
El regreso a la base debería haber sido un alivio. Debería haber sido un triunfo. Pero en el coche, envuelta en mi abrigo y temblando no de frío, sino de la adrenalina que aún latía en su cuerpo, Luna se giró hacia mí, sus ojos azules enormes y serios en la penumbra.
—Alex… lo siento mucho, lo siento.
La frase me tomó por sorpresa.
—¿Lo sientes? ¿Por qué, piccola?
—Por haber matado a tu padre —susurró, la voz ronca—. Sé que tú siempre deseaste hacerlo con tus propias manos.
La