Narrado por Lyandra
Después de la farsa de ceremonia, Gianluca no me condujo; me arrastró. El camino hasta sus aposentos fue en silencio, donde el único sonido era el eco de mis propios pasos intentando seguir el ritmo impuesto por él. Abrió una puerta doble y me empujó hacia dentro.
La habitación era un monumento al poder masculino y a la frialdad. Oscura, pesada, dominada por muebles de ébano. Pero lo que saltó a mis ojos, en un contraste casi violento, fueron las sábanas. Eran de un blanco i