Narrado por Gianluca Salvatore Bianchi
La mansión gótica del Lago di Como era mi santuario y mi fortaleza. Allí, yo era el rey de un reino silencioso y sombrío.
Encerré a la chica —en una habitación del segundo piso. Y ordené a Clara, mi gobernanta y la única alma en esta casa que se atrevía a mirarme con desaprobación, que le sirviera comida.
— Iré inmediatamente, la pobrecita debe estar hambrienta después del viaje —dijo Clara, su mirada ya cargada de reprobación.
Horas después bajó diciendo: