Narrado por Gianluca
Ella bajó, vistiendo otro de aquellos vestidos sombríos, una protesta silenciosa. Nos sentamos en la larga mesa. El silencio era denso, roto solo por el tintineo de los cubiertos. Apenas tocaba la comida. Y sus ojos… aquellos ojos petulantes y ardientes me miraban fijamente a través de la mesa.
— ¿Cómo fue tu día? —pregunté, más para oír su voz que por interés real.
La respuesta llegó afilada, como esperaba.
— ¿Cómo crees? Viviendo como una prisionera. Siendo observada por