Narrado por Luna
Muchas horas se arrastaron. Mi brazo ya estaba completamente dormido, un peso muerto y hormigueante, atrapado en una posición que dolía más por la humillación que por la incomodidad. La oscuridad en el galpón era casi total, solo un hilo de luz pálida filtrándose por una rendija en la puerta de metal. La noche había caído por completo, y con ella, un silencio opresivo que era casi peor que los sonidos anteriores.
Hasta que los pasos volvieron. Pesados, decididos. La luz de la