Narrado por Luna
La conciencia volvió como un golpe bajo. Un dolor punzante en la nuca, una niebla espesa en los sentidos y, entonces, el olor. Un olor húmedo, metálico y dulce de una forma que hizo mi estómago revolver. Óxido. Y sangre. Mucha sangre antigua.
Abrí los ojos. La luz era débil, proveniente de una única lámpara colgada con un cable pelado. Estaba acostada sobre un suelo de hormigón frío y sucio, en un espacio vasto y vacío, con sombras de ganchos de metal colgando del techo alto.