Narrado por Lyandra
Despierto jadeando, con el agua helada escurriendo por mi cabello y empapando el fino camisón. El golpe me roba el aire. Abro los ojos y veo a Pedro, mi hermanastro, sosteniendo el cubo vacío, con una sonrisa de puro sadismo en los labios.
— Por fin la perezosa despierta —escupe las palabras—. Menos mal que recordé regar la planta más inútil de la casa. Levántate y ve a hacer el café. ¡Ahora!
Intento moverme, pero el dolor punzante en la cabeza y el frío que invade la habita