Isabella
I. La Implosión del Protocolo Diario
Mi vida era la arquitectura del cero absoluto: una obra maestra de la abulia funcional. Diez años de Constitución Blindada habían convertido la suite en una cámara anecoica, donde cada movimiento, cada palabra, era predecible. La mañana comenzaba a las 6:30. Infusión de hierbas, revisión de reportes geopolíticos, 7:00 am en la mesa de desayunos, 8:00 am en el Piso 80. El Acero se movía a mi ritmo; la Permanencia era una rutina perfecta.
Pero la perfección es frágil. Y la fragilidad no vino de un ataque cuántico o una fusión hostil; vino de un simple mensaje cifrado en un canal privado.
Eran las 7:15 de la mañana. Yo estaba en la mesa de desayunos, analizando el forecast de estabilidad del euro. El teléfono seguro de Adrián, un dispositivo que solo él y yo teníamos permiso de usar para comunicaciones diarias (el Protocolo Legado), se iluminó con un mensaje entrante. No era una llamada, sino un breve texto.
El mensaje solo contenía dos palab