Isabella
I. El Peso del Archivo Maestro
El viaje de regreso a la mansión fue un vacío de sonido, a pesar del rugido del motor blindado. El silencio entre Alejandro y yo era ahora un espacio funcional; la ira y el miedo habían sido reemplazados por el reconocimiento de la inevitabilidad. Yo había neutralizado al Arquitecto, Héctor Valladares, no con una bala, sino con una firma compartida. Había logrado que el Acero se desnudara de su último secreto: la Red Oscura, el Protocolo Cronos, su ADN.
En mi regazo, el disco duro del Código de Mantenimiento Maestro de Génesis no pesaba más de unos gramos, pero era la totalidad del destino de Cifuentes Holdings. Era la llave no solo para la red que mi esposo había usado para sus crímenes, sino para el mecanismo de autodestrucción que Valladares había insertado. Yo no tenía en mis manos una herramienta de guerra, sino la promesa de paz estructural. .
Observé a Alejandro. Conducía con la rigidez de un hombre cuya alma acababa de ser extraída. Sabí