Alejandro
I. La Proximidad de la Traición
El vehículo blindado se detuvo en la oscuridad de una zona industrial olvidada, a la sombra de silos de cemento y esqueletos de bodegas abandonadas. Era el lugar perfecto para enterrar secretos, o para ser enterrado. .
Mi instinto gritaba: Fuerza Bruta. Mis manos temblaban por la necesidad de empuñar un arma. Pero el veto de la Ceniza se interponía, más fuerte que el acero. Yo era el pasajero, el rehén de mi propia estructura. La Ceniza conducía; yo so