Capítulo 80

Alejandro

I. El Vacío del Acero

La mesa del desayuno se había convertido en mi nuevo frente de batalla. Había invertido miles de millones en fortificar la mansión contra los ataques externos: drones, satélites, comandos de élite. Pero nadie me había preparado para el ataque silencioso de la convivencia.

El Protocolo Estasis había terminado. Isabella, ya no confinada a una sola sala, tenía acceso limitado a la mansión. Esta mañana, se sentó frente a mí en la mesa de nogal, vestida con ropa de lino blanco, su cabello suelto cayendo sobre sus hombros. La presencia de la Ceniza en mis dominios de Acero era una subversión del orden.

Yo sentía la urgencia de reaccionar, de exigirle que se quedara en el confinamiento. Pero su libertad limitada era el precio de la estabilidad. Ella había neutralizado a Marie, me había entregado a Herrera, y había diseñado la liquidación de Elías. Si la volvía a encerrar, destruiría el frágil contrato emocional que nos unía por Adrián.

—La niñera, Marta, me ha
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