Isabella
El Despertar de la Derrota
El primer indicio de que ya no estaba en el Aurora Boreal fue el silencio. Un silencio absoluto, denso, acolchado, que aplastaba los restos de mi conciencia sedada. Ya no había el rugido metálico del carguero, ni el olor a óxido y fueloil, ni el grito lejano de las gaviotas sobre el Atlántico. Solo un vacío tan profundo que dolía en los oídos, un recordatorio brutal de la derrota.
Abrí los ojos. El techo no era de acero oxidado, sino una bóveda blanca y alta,