Alejandro
El Triunfo Vacío
La oficina en la mansión fortificada de Santiago era mi santuario. Las paredes de nogal, los paneles de control discretamente integrados y la vista impasible de los Andes ofrecían un simulacro de orden absoluto. Había regresado a mi núcleo, y el Legado, mi hijo, estaba a pocos metros, bajo mi custodia y mi ley. El fracaso de la Triple Frontera había sido enmendado por la brutalidad quirúrgica del Protocolo Némesis. Legal y moralmente, yo había ganado.
Pero el triunfo