Alejandro
El lodo de Foz do Iguaçu se había lavado, pero la mancha de la humillación permanecía. Me encontraba de vuelta en Santiago, en el corazón de mi imperio, usando la sala de control de Cifuentes Shipping & Cargo como mi nuevo centro de comando. Las pantallas que normalmente mostraban el flujo de mercancías globales ahora se centraban en un único objetivo: un polizón con un bebé.
El Veredicto de la Logística.
Mi jefe de seguridad, Fuentes, presentó el informe final sobre el escape de la Triple Frontera.
—Alejandro, hemos confirmado el rastro. Ella se refugió en la casa del anciano, le pagó y tomó contacto con "El Padrino", un traficante de alto nivel en Foz do Iguaçu. Usó un objeto de oro como pago.
—¿Qué objeto?
—Un colgante. El Padrino lo vendió a un cambista. Nuestros analistas lo identificaron por la talla: oro blanco, un diseño único con la inscripción 'Permanencia'.
Sentí una punzada helada. Ella había sacrificado el último recuerdo de su madre, el único objeto que simboli