Isabella
El viaje por tierra fue un infierno de cuarenta y ocho horas. El camión de naranjas se convirtió en mi prisión. El hedor dulce de la fruta podrida, el calor sofocante del compartimento cerrado y la vibración constante del motor eran mis únicos compañeros.
Pero yo aguanté. Por Adrián. Lo alimentaba en la oscuridad total, acunándolo para que el traqueteo no lo despertara. Mi cuerpo había pasado del agotamiento al modo de supervivencia: una máquina de resistencia que no sentía hambre ni s