Isabella
El miedo es un veneno lento. La adrenalina de la fuga me había mantenido en pie. Pero al amanecer, sentada en la terminal de autobuses de Foz do Iguaçu, la realidad me golpeó con el peso de la losa de concreto.
Alejandro había estado a dos metros de mí. Había tocado la bufanda de Adrián.
Si me había encontrado en la oscuridad total, a pesar de la quema de mi alias y la autodestrucción del dinero, significaba que no importaba cuán invisible me hiciera, él siempre encontraría el rastro d