Alejandro
El aterrizaje en Asunción fue un ejercicio de control. Mientras la aeronave de la Corporación Cifuentes descendía a través del aire espeso y húmedo de Paraguay, sentía el calor del desprecio quemando mi piel. Mi esposa, mi creación, me había arrastrado al inframundo.
Estábamos a trescientas millas de Ciudad del Este. Una distancia prudencial para mantener la fachada de que estaba dirigiendo la "búsqueda legal" del heredero en la capital, mientras mi verdadero equipo trabajaba en la so