Isabella
El Túnel Seis era el infierno destilado.
El aire era un espeso caldo de cieno, gases de alcantarillado y el olor dulzón de la marihuana barata. No había espacio para caminar erguida. Me movía en una semi-cuclillas, con la cabeza rozando el techo de concreto húmedo. Mis pies resbalaban en el limo pegajoso. El ruido del contrabando—pasos apresurados, susurros guturales en guaraní y portugués—era un latido constante de miedo. .
Llevaba a Adrián atado a mi pecho con una vieja bufanda de la