Alejandro
El sol italiano se filtraba a través de los cristales blindados de la villa en Como, a las afueras de Milán. El ambiente era de una calma artificial, el tipo de paz que precede a un asesinato. Había dispuesto mi centro de operaciones en el corazón de lo que yo creía que sería mi campo de victoria: Europa.
Me encontraba de pie frente a una mesa de caoba que, irónicamente, había sido un regalo de bodas de David Monteverde. Estaba cubierta de mapas legales, diagramas de flujo y el dossier completo del Protocolo Perséfone.
Habían pasado cuatro días desde el último mensaje de Isabella. Cuatro días de silencio absoluto. La presión en la prensa por la caída de Monteverde Capital era manejable, y la atención se había centrado en el supuesto secuestro del heredero por su madre. Todo iba según el plan. Ella estaba en el aire, o en ruta terrestre hacia un puerto europeo, convencida de su ventaja.
—Romero, Fuentes. ¿Tenemos algún rastro de actividad Liana Costache en el espacio Schengen