Isabella
No sabía qué esperaba cuando llegué al colegio esa mañana, pero nada podría haberme preparado para lo que me esperaba.
Al entrar a la sala, el murmullo de mis compañeras me llamó la atención, todas mirando hacia mi escritorio con esa mezcla de curiosidad y envidia que solo las chicas pueden tener.
Y ahí estaban: un ramo enorme de rosas negras y rojas, perfectamente arregladas, con una tarjeta que tenía solo una letra escrita en tinta dorada. Una "A".
Mi corazón se aceleró.
Sabía exacta