―Vete, Gianella, que tengo que darle una lección a tu hermano―le dice a esta, pero ella, en lugar de hacerle caso, se para delante del cuerpo casi inerte de su hermano para defenderlo.
―No lo haré, tío―le dice con la barbilla levantada, mientras su hermano sigue en el suelo, todavía recuperándose del buen golpe que le acaba de propinar el enorme lobo que resulta ser Bernard Barnes, a quien ahora encara su sobrina―nadie me dice nada en esta casa, pero sé que hay algo grave en contra de mi herman