El semblante de Jimena se alteró visiblemente, pero recuperó la compostura casi al instante.
—Regina, si de verdad tuvieras tanto poder, ya todo el mundo lo sabría, ¿no crees?
Regina se sirvió un vaso de agua y, tras un sorbo pausado, replicó con calculada serenidad:
—Si no creyeras que soy capaz de tanto, no te habrías molestado en venir a verme hoy. Y hay más.
Detectó el rencor y la envidia en la mirada de Jimena, y alzó una ceja con apenas disimulada satisfacción.
—Supongo que sabes que Gabri