La mirada distante del individuo la recorrió de arriba abajo; él arrugó la frente.
—¿Y tú eres…?
Como si le hubieran echado un jarro de agua helada, la sonrisa de Jimena se petrificó en la cara. Detuvo sus pasos, invadida por la decepción.
—¿No te acuerdas de mí?
El atractivo semblante de Gabriel permaneció impasible. Reflexionó un instante.
—¿Una paciente?
A ella se le borró por completo la sonrisa.
—Disculpa, pero ahora no estoy trabajando y tengo otras cosas que hacer.
Él desapareció de su vi