Se sentó en la cama. El movimiento brusco despertó a Gabriel. Regina se envolvió con la sábana, la cara encendida por furia y vergüenza.
—¿Qué hiciste?
Aunque, a juzgar por la escena, lo que había ocurrido era más que obvio. Debajo de la tela, estaba desnuda, al igual que él. Al ver los arañazos bien definidos en la espalda y el pecho de Gabriel, se moría de la vergüenza.
Él se incorporó y la observó en silencio por un instante. Vio su cara ruborizada, sus mejillas tensas en un gesto de enfado c