Al ver a Regina, el hombre de mediana edad se quitó el puro de la boca y arqueó una ceja.
—Así que tú eres su jefa. No te ves muy grande… Estás guapa, ¿eh? ¿Tienes novio?
Su mirada, malintencionada, la recorrió de arriba abajo. Regina contuvo la incomodidad y preguntó directamente:
—¿Se puede saber cómo fue que les llegó a deber cincuenta mil dólares?
—A ver, ¿a qué crees que se viene aquí? A apostar.
El sujeto respondió con una indiferencia pasmosa, como si viera algo así todos los días. Regina