Regina lo vio entrar y se quedó inmóvil en el umbral. Pero si ya se había atrevido a tocar el timbre, era porque había dejado atrás todo su orgullo.
En ese momento, lo único que le importaba era que él ayudara a Sebastián a terminar su contrato. Total, ya no era ninguna ingenua. Habían hecho de todo, lo prohibido y lo permitido.
Regina se mordió el labio, forzándose a dar el paso. Entró y cerró la puerta con cuidado. Cuando la vio entrar a la sala, Gabriel se quitó el cigarrillo de los labios. E