Al día siguiente, cuando la partida de cartas terminó y la señora Luna y la señora de la Vega se fueron, Alicia dijo:
—¿Quieres que cenemos juntas?
Silvia, que ya se disponía a marcharse, se detuvo. No había nadie más cerca, así que la pregunta tenía que ser para ella. Sonrió, gratamente sorprendida.
—Claro que sí. Richi no llega a casa esta noche y no tengo ganas de cenar sola. Vamos.
Ambas preferían la comida ligera, y por la zona había un excelente restaurante de comida saludable que preparab