Regina compró una botella de agua en el supermercado que estaba frente a su edificio. Se enjuagó la boca varias veces, pero la sensación de náuseas no desaparecía del todo. Estaba de muy mal humor, así que buscó una banca en la calle y se sentó.
En ese momento, su celular sonó. Vio que era una llamada de Sebastián e intentó recomponerse antes de contestar. Se llevó el celular a la oreja.
—¿Se arregló lo de ayer? —preguntó en voz baja.
La respuesta al otro lado de la línea fue cálida.
—No fue nad