Regina se despertó y lo primero que hizo fue revisar el celular para ver si Sebastián le había mandado algún mensaje.
Nada. "Seguro está bien", pensó.
Dejó el celular a un lado, fue al baño a arreglarse y, al terminar, metió el celular en su bolso, lista para salir a desayunar. Apenas abrió la puerta, una bocanada de humo le llegó a la cara.
Giró la cabeza y su mirada chocó con los ojos sombríos de Gabriel. Los tenía rojos y la miraba fijamente, sin decir una palabra, pero la tensión que irradia