—¿Por qué lloras?
La voz de Sebastián cambió. Regina se tocó la mejilla y la sintió húmeda. Sus labios se entreabrieron, pero no dijo nada.
—¿Es porque me lastimé? ¿Por eso estás triste? —preguntó él en voz baja.
—Sí —murmuró ella, bajando la mirada—. Me duele mucho que hagas eso.
—Perdóname.
Regina percibió la culpa en su tono y se apresuró a responder.
—Sé que estabas pasando por un mal momento...
Pero, apenas lo dijo, se dio cuenta de que esas no eran las palabras correctas. Entonces, con un