En casa de Regina…
Los labios de Gabriel se movieron, a punto de formar una palabra, pero ella se le adelantó.
—Eso de que se puede perdonar y olvidar no aplica en un matrimonio. Si yo ignorara todo y volviera contigo, ¿qué pasaría con el bebé que perdimos? Él me odiaría, y yo jamás podría perdonarme a mí misma. Además, no todos los errores se arreglan con un “perdón” o con dinero. Entre tú y yo no solo está la vida de ese bebé, sino también tu infidelidad. No puedo perdonarte. Dices que quieres