Gabriel afirmó con un murmullo.
—De ahora en adelante, voy a mantener mi distancia con otras mujeres. No volveré a hacer nada que te moleste.
Regina escuchó su promesa, pero no sintió absolutamente nada. Sabía que la familia Solís era la más poderosa de la ciudad, así que él podría ayudar a Sebastián a resolver el escándalo.
Regina salió y cerró la puerta detrás de sí. Gabriel notó el gesto y supo que se estaba protegiendo de él. Se quitó el saco y lo puso sobre los hombros de ella. Regina intentó negarse.
—O hablamos adentro o te lo pones.
Su tono no admitía discusión. Se lo dejó puesto.
—¿Qué quieres como compensación?
Estaba demasiado cerca; el calor de su aliento le rozaba la cara al hablar, cargado con un denso olor a tabaco que le causó rechazo. Regina retrocedió un par de pasos para poner distancia entre ellos y dijo con indiferencia:
—Ayúdame a resolver el escándalo de Sebastián.
Gabriel arrugó la frente y su expresión se tornó sombría.
—Te estoy compensando a ti, no a él.
—Es